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Publicado en: La Tercera

La magia y el enigma de Rapa Nui no se limita sólo al trozo de tierra que fascina a los turistas de todo el mundo y emerge en el lugar habitado más remoto del mundo, sino también en su misterioso territorio bajo el mar.

Hoy es objeto de estudio de los científicos de National Geographic, los descendientes de Jacques Cousteau y los científicos chilenos que impulsan el manejo ecológico y sustentable de islas oceánicas, Núcleo Milenio Esmoi (por sus siglas en inglés), en la ecorregión Rapa Nui, una cordillera sumergida que une a Isla de Pascua y Salas y Gómez, las más remotas del Pacífico Sur.

Han trabajado con equipos especializados y cámaras robots para sumergirse en estas latitudes, donde las dificultades y costos para investigar son más extremos que cualquier expedición en la costa continental. “No podemos proteger lo que no conocemos, por eso estamos investigando para saber qué especies viven ahí, cómo se interrelacionan y a qué amenazas se exponen. Sólo de esa manera existirá base científica sobre la cual generar políticas de conservación para la biodiversidad de este frágil equilibrio”, dice el director de Esmoi, Carlos Gaymer, académico de la U. Católica del Norte (UCN).

Hallazgos

Junto a su equipo de científicos, y a sólo un año de iniciado el proyecto, ya han descubierto una veintena de especies nuevas de peces y moluscos en los montes submarinos . Y eso es sólo el comienzo. “Podríamos llegar a 100 fácilmente en unos años. En esta zona el endemismo, o sea sólo existen en este punto del planeta, es tan alto que llega a tres cuartos de todas las especies registradas”, dice el investigador.

Los montes submarinos son las cimas de las montañas que conforman la cordillera marina de Salas y Gómez. Las islas oceánicas son la parte más alta de los que están asomados en la superficie, pero son los sumergidos los que esconden un potencial desconocido y de mayor fragilidad.

Si bien las aguas transparentes y alta visibilidad denotan aguas pobres nutricionalmente por ausencia de plancton, los montes submarinos focalizan núcleos concentrados de biodiversidad. En otras palabras, posibilitan la vida. “Esos lugares son los oasis que tenemos. Estamos conociendo otras riquezas a las que no teníamos acceso por falta de tecnología y ahora vamos a contar con nuevas áreas de pesca artesanal”, explica Enrique Hey, presidente de la Asociación de Pescadores Artesanales de Hanga Piko.

Esta semana llegarán científicos de Hawai y Florida para una nueva expedición a la isla, con equipos para grabar y fotografiar a mayor profundidad y resolución, incluso con cámaras “carnada” para registrar tiburones a centímetros de distancia, poniendo a Esmoi en el liderazgo en la investigación de este ecosistema. “Somos pioneros en islas oceánicas y en la generación de propuestas para conservarlas. Desde los 80 estamos en Pascua, con las primeras investigaciones submarinas”, puntualiza el rector de la UCN, Jorge Tabilo.

En Rapa Nui se estableció en 2010 el parque marino Motu Motiro Hivo, que rodea las islas Salas y Gómez, hoy el más grande del país con 150 mil kilómetros cuadrados de área protegida. Pero falta aún elaborar el plan de administración, para lo cual será esencial la información que levantará Esmoi. “La población de atún está volviendo, pero no podemos atribuirlo al parque, es algo que estamos investigando. Sin embargo tenemos evidencia de microplástico en el estómago de los peces, que lo confunden con carnadas y polluelos muertos por el mismo motivo. Por la circulación de las corrientes, Rapa Nui, recibe la basura degradada de todo el mundo”, dice Gaymer.