Publicado por & archivado en Historias de Chilenos.

Se trata de Ana Gonzalez Pereira, quien migró con sus padres al nordeste de Argentina siendo una adolecente. Hoy, a sus 54 años creó un instituto y la fundación Santa María del Iguazú en beneficio de los más vulnerables.

 

Ana del Pilar nació en Concepción, Chile, pero creció en Puerto Iguazú, Argentina. El trabajo de su padre los motivó a migrar en 1976 directamente a la provincia de Misiones, una de las más bellas y calurosas del país. Apenas a 15 kilómetros de las Cataratas del Iguazú.

“Nos vinimos todos. Mis padres y nosotros siete. La experiencia en un principio no fue muy buena porque extrañábamos nuestro país, pero mi papá trabajaba aquí y el sustento estaba en este lugar”, cuenta. Con el correr de los años, tres de sus hermanas volvieron a Chile para formar familia. “Aquí la educación no tenía buenos horizontes, aún es difícil divisarlo”, relata.

Aún así, esta chilena continuó su vida en el vecino país. Se casó, tuvo cuatro hijas y descubrió que la educación era su fuerte, fundando en 1990 una guardería que después se convirtió en jardín infantil “Mariano W. Pachecoy y desde 2016 en adelante espera dar inicio a la formación docente para el nivel secundario.

Pero sus esfuerzos no quedan ahí. Su éxito y satisfacción profesional los ha canalizado para concretar lo que se planteaba como un sueño. Tener una fundación que fuese en ayuda de los más necesitados. Para conocer más detalles Ana Gonzalez Pereira, compartió su experiencia con Dicoex.

 

¿Cómo nace esta fundación?

Estaba dando charlas en una escuela pública a los estudiantes del último año de secundaria, con la idea de captar alumnos para las carreras superiores de nuestro Instituto. En una de ellas los jóvenes estaban alterados y desmotivados, con muy pocas ganas de escuchar. Al final del salón había un estudiante que me miraba con mucho interés, sus ojos morenos me miraban fijamente y me decían “qué lindo todo lo que dices pero yo jamás voy a poder pagarlo”. Sus ojos los tengo aún grabados en mi mente.  Tomé todas las carpetas, la propaganda y me volví a casa. Apenas llegó mi esposo del trabajo le dije “tengo que abrir una Fundación”. El me miró desconcertado, de seguro pensó que estaba loca, sin embargo me apoyó. Buscamos un gestor que nos asesorara al respecto, nos abriera el camino y aquí estamos.

 

¿Qué te motivó a crear esta fundación?

Vivo en un lugar de grandes dicotomías. Aquí hay cadenas de hoteles de cinco estrellas, el Dutty Free Shop más grande y poderoso del mundo y la cadena de casinos más importante de Argentina. En ellos trabajan personas humildes, pero una parte se ve beneficiada con los ingresos, mientras que a otras reciben sueldos paupérrimos.

Nos debatimos entre tres culturas muy marcadas, Paraguay, Brasil y Argentina. Estos tres tienen una identidad regional bastante particular donde los jóvenes no están incluidos y la educación queda relegada después del turismo, el juego y el comercio.

No existen universidades, sólo institutos de nivel superior como el nuestro, todos privados (particulares) con subsidios del estado en un 60%. Los jóvenes cuyos padres no tienen ingresos no pueden acceder a la educación superior y menos aún migrar para asistir a una universidad a otras ciudades.

Reconozco que me motivaron dos cuestiones muy fuertes. La primera, que en el Censo de 2010 quedó al descubierto que en Puerto Iguazú apenas el 14,87% de los estudiantes de Nivel Secundario terminan la escuela. O sea, un poco más del 85 % queda fuera del sistema y se pierde entre el trabajo temprano, el ocio, el trabajo eventual y algunas adicciones. Me pareció muy importante combatir el rezago educativo y motivar a los estudiantes a terminar la escuela.

La segunda es que los niños en situación de pobreza reproducen un millón y medio de palabras menos que un niño que tiene sus necesidades básicas satisfechas. Se le suman las deformaciones idiomáticas y la creencia que los niños comienzan a aprender sólo cuando ingresan a la escuela. Por ello una de los programas está destinado a los más pequeños, para desarrollar el lenguaje y la comunicación. Estas dos cuestiones son los motores de marcha para la creación de los programas de la Fundación.

 

funsami1¿Cuál es el origen del nombre de la fundación?

El nombre de la Fundación lo elegí hace mucho tiempo, antes de pensar siquiera en gestionarla. La imagen de Santa María del Iguazú surgió por parte de un ciudadano de origen francés, un artista de la naturaleza, pariente de Julio Verne, llamado Rodolfo T. Allou. Tomaba raíces de árboles caídos y de acuerdo a lo que representaba, tallaba en ellas figuras increíbles. Así nació la figura de Santa María del Iguazú, tallada en madera noble, una virgen indígena, guaraní, luchadora de la tierra, de manos fuertes y duras. No dudé en ponerle ese nombre a nuestra Fundación.

 

¿Cuál es su objetivo?

La Fundación Santa María del Iguazú (Funsami) tiene como misión ayudar a generar igualdad de oportunidades mediante la implementación de programas, proyectos y actividades en las áreas de la educación formal y no formal.

 

¿Cuántas personas son parte en total de la fundación?

La Fundación la conformamos cuatro miembros de la familia. Mi esposo,  yo y dos de nuestras hijas. Además, nos acompaña un equipo de ocho profesionales del área del Trabajo Social, Psicología, Lenguaje y Comunicación, Psicopedagogía, entre otros, que son encargados de llevar a cabo los programas, capacitación y docencia del Instituto.

 

¿Se necesita algún requisito?

Para ser voluntario se necesita ser profesional de alguna de las áreas mencionadas. Como nuestra labor educativa está destinada principalmente a los niños y adolescentes debemos tener un profundo conocimiento del trabajo a realizar. Por otro lado, los profesionales que trabajan son también capacitadores de docentes.

¿De qué manera se puede colaborar?

Aportando sus conocimientos, su tiempo y su trabajo en las áreas de incumbencia de la capacitación, la formación y/o la docencia. Aportando una cuota mensual de 500 pesos argentinos para dar una media beca a un estudiante secundario; aportar con equipos (computadoras, proyectores, fotocopiadoras, etc.); ayudar a conseguir financiamiento de empresas u otras fundaciones.

¿Quiénes son los beneficiados?

Los beneficiarios de la Fundación son, principalmente, niños de 3 a 7 años y los jóvenes del nivel secundario de escuelas públicas de Puerto Iguazú. Nuestros programas están destinados a ellos, aunque es muy posible que se generen otros  que alcancen a las familias, siempre desde la educación.

¿Quién crea los programas?

Soy la coordinadora y creadora de los programas de la Fundación, pero me acompañan las profesionales de las diferentes áreas. Son ellos quienes redondean los propósitos aportando desde su área de competencia.

¿Las escuelas mencionadas en su sitio web son de ustedes?

Sí, son de la Fundación. Es un solo Instituto que se llama “Mariano W. Pachecoy” en honor a un pequeño alumno con capacidades diferentes que compartió su sabiduría con nosotros el tiempo que permaneció en esta tierra. El Instituto tiene tres unidades pedagógicas: el Nivel Inicial; el Nivel Superior Técnico; y el Nivel Superior de Formación Docente, que comienza a funcionar en el 2016.

¿Qué aportes ha hecho la fundación a la población local?

La Fundación tiene un programa de becas y medias becas para los estudiantes del nivel secundario. Para el 2016 se brindaron un total de 42 becas bompletas y 42 medias becas para toda la carrera. Cabe señalar que las carreras se abren por cohorte.  El Instituto ya cuenta con egresados que recibieron becas bompletas y se transformaron en profesionales que ejercerán en el medio. Para 2016 se inician dos programas nuevos que llegarán a otros niveles educativos.

¿Cómo evalúa la población el aporte local que ustedes hacen?

La población local tiene una alta valoración de las becas que se entregan y los medios locales replican las novedades al respecto. No es fácil a nivel Institucional ya que es difícil recibir ayuda por parte de los directivos para la selección de los beneficiarios de la Becas. Hay una especie de desidia institucional que hemos decidido abordar el año que viene.

¿Cuáles son las metas de la fundación para 2016?

Una de las más importantes es conseguir financiamiento y recursos para la capacitación y abordar los programas que estamos llevando a cabo. También para cubrir las Medias Becas. Estos programas y capacitaciones se llevan a cabo en las escuelas públicas. Éstas no cuentan con recursos tecnológicos y nosotros debemos proveerlo. Las directoras ofrecen el espacio y la posibilidad de llegar con los programas a los estudiantes.

¿Cuáles son tus sueños y metas?

Ver a la fundación funcionando con todo su potencial ¿Mis metas? Convertirnos en los portadores de la capacitación y de la formación, además de motivar a más jóvenes a terminar la escuela e ingresar al nivel superior. Producir un cambio cultural con respecto a la necesidad de formarse, una tarea por demás difícil. Es una utopía, pero cito a Eduardo Galeano, “la utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. Y eso estamos haciendo, estamos caminando.

¿Qué mensaje enviarías a los chilenos que viven en el exterior?

Les diría que todo depende de nosotros, que podemos hacer lo que soñamos en cualquier parte del mundo. Aquellos que cuentan con la edad que yo tengo, somos creativos y algo “maestros chasquilla”. Nos formaron con la inquietud de aprender y de hacer. Eso hizo una gran diferencia para que pudiera llevar mi proyecto adelante. Y que no se olviden que “lo que es chileno, es bueno!

 

Más detalles de la fundación en: http://www.funsami.com/