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Benjamín Furman reside hace seis años fuera de Chile, cumpliendo el sueño que siempre tuvo en su cabeza: dedicarse a la música. Llegó a Estados Unidos para estudiar en Berklee, la universidad privada de música más grande del mundo y se graduó en Interpretación y Composición en Jazz. El siguiente paso fue instalarse en Nueva York, donde vive hace un año, ciudad multicultural en la que se abre paso en la escena del jazz, sin olvidar a su país, “en un mundo tan globalizado, es importante no olvidar que el lugar de dónde venimos no es comparable ni reemplazable por nada”, sentencia

¿Desde cuándo y por qué decidiste estudiar en Berklee College of Music?
Me fui a estudiar el 2010. Desde que tengo memoria he tocado piano y he estado rodeado de música. Mi sueño siempre fue dedicarme a esto. Después de salir del colegio estuve en la Universidad Católica por dos años, hasta que escuché sobre Berklee a través de mi profesor de piano Felipe Riveros. Desde que me aceptaron, la música se ha convertido en mi carrera. Allí pasé unos hermosos 3 años y medio y me gradué en Interpretación y Composición en Jazz. Después de eso, el paso intuitivo fue mudarme a Nueva York.

¿Cómo definirías tu propuesta musical?
No me gusta limitar mi música a un género o una etiqueta. El arte, como cualquier expresión humana, es mucho más compleja que eso. Mi música, antes que todo, es honesta. Tiene muchas influencias del folclore sudamericano (Chile, Argentina, Perú), del Jazz y del Rock. Hago tanto música instrumental como cantada. Mi propuesta no se trata meramente de mezclar estilos, sino de la búsqueda por una “voz” propia, por un lenguaje mío pero entendible y compartido por los que escuchan.

¿Cómo ha recibido el público tu primer disco, que lanzaste hace un poco más de un año?
“Desde el Jardín” (2014) es un disco al cual yo le tengo mucho cariño. Lo grabé en mi casa en Santiago, en el mismo piano que toqué toda la vida. El disco fue mi primera carta de presentación al mundo, y afortunadamente tuvo muy buena recepción entre público y colegas músicos. Con esa música logré presentarme en festivales importantes en Chile, Argentina, Estados Unidos, Uruguay y otros lugares.

¿Que sientes que estás aprendiendo en Estados Unidos para ofrecer a la escena del jazz en Chile?
Si bien actualmente vivo en Nueva York, viajo recurrentemente a Chile a tocar y colaborar con músicos. Aquí he aprendido un gran profesionalismo y una disciplina que creo es importante llevar a Chile. También aquí hay una mayor apreciación por la labor musical. Musicalmente la mayor riqueza de estar acá es escuchar y tocar ritmos y sabores de todo el mundo, y eso es lo que trato de traer en mi música, sea acá o en Chile.

¿Qué crees que la música puede generar en la sociedad?
Lo que la música puede generar socialmente varía mucho según el período y el clima social. Pero el impacto que se mantiene constante es el impacto a nivel más personal. Además de ser bella, la música es terapéutica y puede refrescar constantemente nuestra visión de la vida.

¿Viviendo en Estados Unidos, te has contactado con otros compatriotas?
Me reúno con muchos chilenos. Tenemos cosas en común, ya que todos venimos del mismo lugar a este completamente distinto. Las conversaciones, observaciones y chistes muchas veces giran en torno a la comparación de un lugar a otro.

¿Qué mensaje entregarías a los chilenos residentes en el exterior?
En un mundo tan globalizado, es importante no olvidar que el lugar de dónde venimos no es comparable ni reemplazable por nada. Chile tiene una riqueza cultural enorme y en vez de escaparse o ignorarla, hay que volver a ella cada vez más.

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