Publicado por & archivado en Historias de Chilenos.

Artìculo publicado en El Mercurio 

Sus murales están en América, África, Asia, Oceanía y Europa. Mezcla de símbolos y personajes latinoamericanos, cuyo mestizaje puede ser un modelo para el mundo híper conectado, una monografía publicada en Francia y reimpresa en nuestro país rescata el trabajo de este chileno radicado desde 2011 en el viejo continente. Además, esta semana inaugura una muestra en París, con su primera instalación: una piedad profana. 

Sus coloridos muros se pueden ver junto a la salida de la Estación de Metro Bellas Artes o en el Museo a Cielo Abierto en San Miguel, en Santiago; también en Valparaíso, frente al mirador Atkinson, y en Arica. Pero además -anote- en espacios públicos de Francia, Alemania, España, Noruega, Polonia, Holanda, Bélgica, Suecia, Eslovaquia, Turquía, Líbano, Marruecos, India, Hawai, Estados Unidos, Canadá, Perú, Colombia, Brasil, Tahití y Australia, entre otros países.

Hablamos del artista chileno Inti Castro (Santiago, 1982), parte de cuya obra, los últimos cuatro o cinco años, está reunida en un libro monográfico publicado a fines de 2017 en Francia, y reimpreso en Chile por la editorial Ocho Libros: “Inti. Color, carnaval y resistencia!”, es el título del volumen que muestra treinta y siete murales de gran tamaño (como uno de 47 metros de alto en París), además de bosquejos, cuadros y una escultura, creados a partir del ideal sincrético que guía su trabajo.

Un sincretismo que no es otro que el de las culturas latinoamericanas, sus resistencias políticas y sociales, entretejidas por la mano -los spray, los pinceles, las brochas y los rodillos- de Inti. En sus obras vemos íconos como el maíz, el ají o las calaveras junto a cruces, medialunas, estrellas de seis puntas; a veces signos de monedas como el euro o el yen; vírgenes identificadas como madres seculares; estrellas, flores y personajes como el Kusillo y el Ekeko, protagonistas de varios trabajos.

El Kusillo, como se explica en el libro, es una “especie de payaso carnavalesco y sagrado del altiplano andino”, cuyo disfraz, debido a la falta de recursos, está hecho de retazos de tejidos antiguos y modernos, vestimentas sagradas y ropa deportiva. “En esta pobreza material, Inti vio una riqueza cultural donde se mezclaba lo antiguo con lo moderno”, es una analogía del mestizaje europeo, africano e indígena que es América Latina. Ekeko, por su parte, es el dios andino de la prosperidad y la abundancia, como los que se ven en el mural del Metro Bellas Artes: “Además de estos personajes, Inti incorporó motivos de tapicería de diferentes culturas americanas, una paleta de colores eléctricos y símbolos transversales a nuestra cultura moderna”, dice el libro.

Fiesta y solemnidad

Mientras busca donde pisar, entre el barro y la nieve que cubren actualmente las calles de París, Inti invita a imaginar una piedad que no es una piedad, “porque no hay ningún elemento religioso en ella. Está la Madonna con un personaje en brazos, caído, el muerto. El finaíto está casi sumergido en el piso, es parte de la tierra”, explica al teléfono. “Esta Madonna que no es religiosa, pero sí sagrada, sostiene a este personaje que, a su vez, está compuesto de muchas calaveras distribuidas en el piso”.

Las calaveras están dispuestas en orden, forman un patrón, “igual como están dispuestas las catacumbas de París. Cada calavera lleva un símbolo, cada una es una historia diferente. Y esa gran Madonna abraza a todos los muertos… a todos, sean de la religión que sea. Es una especie de juego sobre ese amor maternal de la tierra, que al final nos abraza a todos por igual. No importa cómo viviste, no importa cuál fue tu símbolo, de alguna u otra forma todos llegamos ahí”.

Lo que describe Inti es la instalación que está armando en la galería Itinerrance, de París; con una piedad hecha en resina. Será tu tercera exhibición en solitario, a cinco años de la última. En esas mostró sus pinturas. En esta, bautizada como “Profano” y que abre este jueves, también habrá cuadros, pero la principal novedad es la instalación, la primera que hace; que, como se aprecia, también refleja el mestizaje de su arte callejero, grafiti, muralismo o como quiera llamárselo. “Da lo mismo, es trabajo de otras personas ponerle nombre a lo que hacemos”, dice entre risas.

Inti se apropió del sincretismo latinoamericano viajando por América Latina. Primero fue al sur de Chile, para conocer la cultura mapuche; luego al norte chileno, Perú y Bolivia, para descubrir la cultura aimara, y siguió por el resto del continente. Después el orbe, cuyas singularidades también ha incorporado. En 2015, por ejemplo, pintó un mural en Rabat, Marruecos, titulado “Exodus 1”, que muestra a un joven negro apertrechado para su viaje hacia el sueño europeo. También en 2015, pero en Delhi, la India, pintó “Balance”, una obra que hace una “mezcla ficticia” entre las dos indias, la asiática y la americana.

“Al trabajar en un formato grande -dice Inti- tengo la suerte de pasar una semana, diez días en el mismo lugar. Te sumerges en un pequeño barrio y empiezas a vivir un poco el cotidiano. Imagínate que yo llego, no sé, a Turquía, estoy en Estambul pintando, no conozco la ciudad, pero sí la conozco desde el punto de vista de ese barrio. Uno empieza a tener las opiniones de las personas, la misma señora que lo ve a uno todos los días te empieza a decir cómo le gustaría que se viera el mural, o qué es lo que no le gusta. Yo llego con el 80% de la idea hecha, dejo ese 20% abierto, y a veces termino cambiándolo hasta 50%. Uno no puede llegar en blanco, pero durante el proceso van ocurriendo cosas y vas entendiendo la forma en la que la gente comprende, por ejemplo, el tema de los símbolos. No es lo mismo dibujar una calavera en Chile que hacerla en Marruecos”.

Desde 2011 Inti vive en Europa, primero en París, ahora en Barcelona. En ese tiempo ha cambiado su mirada sobre el viejo mundo, y también sobre el nuevo. “Hay mucho del arte de acá que a mí me vuelve loco, y trato de incluirlo”, explica. “De hecho, el tema del sincretismo incluye sí o sí la influencia europea sobre Latinoamérica, como en el caso de la religión”.

 

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